viernes 30 de octubre de 2009

El lago Córnico



CAPITULO 6







Alvaro se acerca a la cocina y se para en el umbral de la puerta, al parecer desea decirle algo a Paula respecto a la anticuada juguera, pero su voz se pierde en medio del ensordecedor ruido de la máquina. Decide tocarle el hombro a su esposa para que ella note que él está ahí a solo centímetros de distancia, mas Paula le contesta con un gesto de “espera unos segundos”.

En tan solo un breve instante ella detiene la acción del anticuado aparato, puesto que el jugo ya está preparado.


-¿Ahora sí?- Pregunta Alvaro sonriendo.


-Sí, dime. – contesta Paula.


-Pues que esa cosa mete mucho ruido, ¿Qué no empac…


En ese instante el alarido de horror del pequeño Andrés proveniente del segundo piso interrumpe el diálogo entre marido y mujer. Ambos se miran con espanto y luego se dirigen corriendo a toda velocidad a la habitación del niño. El primero en llegar es Alvaro quien al entrar ve a su pequeño hijo muy asustado sentado en la cama, luego entra Paula que de forma inmediata se dirige a abrazarlo.


-Andrés, ¿Qué ocurre, amor?- Le pregunta Paula rodeándolo con sus brazos.


El niño levanta su brazo derecho y con su mano indica lentamente a un rincón del cuarto, en él se encuentra Max, echado sobre un gran charco de vómito con sangre que momentos antes había devuelto por su hocico.


-Oh, por Dios… - exclama Alvaro acercándose al perro lentamente.- ¿qué habrá comido para enfermarse de esta manera?


-Mientras lo averiguas, me llevo a Andrés.- dice Paula llevándose de la mano a su pequeño hijo hacia el primer piso de la cabaña.


La tarde se dejó caer con lentitud en el lago Córnico, las aves en el cielo parecen huir de la cabaña en la que se encuentran Paula, Alvaro y el pequeño Andrés, quienes han debido sortear una serie de extrañas experiencias durante la breve estadía que llevan en aquel lugar.


El niño duerme en la cama de sus padres, mientras que ellos se encuentran abajo, en el primer piso sentados en el largo sillón.


-Es extraño…- comienza a decir Paula.- estos días han sido… extraños...


-Lo sé,… ¿deseas irte?


-¿Acaso tú no?


Tras una breve pausa, Alvaro contesta.


-Sé que han ocurrido cosas extrañas, Paula. Lo que te pasó a ti en el cuarto de concreto era como para salir huyendo esa misma noche, lo de Max ahora mismo en la habitación de Andrés….y sabes, he pensado que quizá esa habitación sea la causante de todo.


-¿la habitación de concreto?- pregunta Paula.


-Así es, mira ponte a pensar en una cosa - explica Alvaro.- Max estuvo la mayor parte del tiempo metido en esa habitación y fijate en lo que le ha pasado hoy…, la voz que tú oíste anoche también salió de ahí... lo mejor sería cerrar esa puerta con llave y que nadie entre.


-Es lo correcto.- responde Paula poniéndose de pié.- pero ninguna palabra de esto a Andrés ¿eh?, no quiero que se llene la mente con estas cosas, aún es un niño.


-Claro que no lo haré, ¿dónde vas?


-Iré a ver como se encuentra. Tú por mientras deberías ir y cerrar ese cuarto con llave.


Alvaro asiente con la cabeza y se pone de pié para dirigirse a la habitación de concreto. Paula por su parte sube las escaleras hasta el segundo piso en dirección a su habitación, que es en donde se encuentra su hijo. Al llegar puede ver con asombro que Andrés no se encuentra durmiendo como ella suponía, sino que estaba sentado en la cama llorando amargamente.


-Amor, ¿qué ocurre? – pregunta Paula sentándose junto a él en la cama.


-Vino Max y me dijo unas cosas muy feas…


-¿Eh?... ¿cómo dijiste?, ¿vino quién?- pregunta Paula sin entender muy bien.


-Vino el perro, ma… y se puso a hablarme…- Vuelve a insistir el niño entre sollozos, su rostro evidenciaba un profundo temor.


-Mi niño, ha sido solo una pesadilla… ya quédate tranquilo, amor, que no dejaré que nada malo te ocurra.


-¡No fue un sueño!- exclama Andrés dejando salir su miedo a través de un leve temblor físico.


-Amor, estás temblando, pero dime ¿qué ha pasado? – vuelve a preguntar una incrédula Paula.


-Vino Max y comenzó a decirme cosas sobre un lugar bastante feo…- comienza a decir el niño.- dice que la muerte como lugar físico existe, es una dimensión sin tiempo donde todas las personas, incluyendo niños como yo o más pequeños aún, son llevados desnudos en unas enormes vasijas cilíndricas a través de un espacio negro y húmedo… dice que nosotros lo visitaremos muy pronto, dice que nos vamos a morir…


Andrés termina su relato con un alarmante temor que le impide evitar dar esas convulsiones. Su madre se queda boqui-abierta, es imposible que un niño de la edad de su hijo haya podido inventar algo como lo que acaba de oír…





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viernes 23 de octubre de 2009

El lago Córnico




CAPITULO 5






Paula se queda inmóvil por un instante mientras un temor irracional hacia lo desconocido inunda su mente, de pronto algo se mueve tras ella a solo centímetros de distancia haciéndola gritar del terror.


-eh, ¿pero que ocurre, Paula? – Pregunta Alvaro a la vez que la sujeta por los brazos intentado calmarla.


-Por Dios, Alvaro ¡nunca vuelvas a asustarme de esa manera!- Exclama Paula apoyándose contra una de las paredes a la vez que intenta calmar los salvajes y furiosos latidos de su corazón.


-Desperté con mucha sed y no te vi en la cama, amor.- comienza a explicar Alvaro.- bajé por un vaso de agua y te encontré aquí… ¿Qué ocurre?


Paula dirige su mirada hacia la enigmática puerta que momentos antes se había abierto sola, sin embargo comprueba ahora con horror que vuelve a estar cerrada.


-No puede ser… ¡no puede ser! – exclama sin comprender nada de lo que ocurre mientras se acerca a la puerta para chequear con sus propias manos que ésta se encuentra completamente cerrada y en efecto como siempre estuvo, bajo un cerrojo que solo se puede vulnerar con su respectiva llave.


-¿Qué-o-cu-rre? – Vuelve a preguntar Alvaro acentuando cada sílaba para llamar la atención de Paula.


-La puerta… la puerta se abrió antes que llegaras.- dice Paula.- bajé porque alguien había puesto el calentador de agua y el silbido me despertó, fui a la cocina, lo apagué, luego oí unas voces que venían de este cuarto, vine a ver y Max estaba en un rincón muerto de miedo el pobre, me llevé su camita y al salir escuché una voz nítida que dijo algo extraño, te juro que la oí super clara y la puerta se abrió sola unos cuantos centímetros…


Alvaro permanece en silencio contemplando a Paula directo a los ojos por un instante, se podría decir que con una mirada bastante analítica.


-¿Qué tan loco acaba de sonar todo eso?- Pregunta ella.


-La verdad es que se oye bastante loco…- confiesa Alvaro.- es casi sacado de una película de terror o qué se yo.


-Ay, Dios… ¿porqué me tienen que pasar estas cosas a mí si eres tú el que siempre ha perseguido duendes, platillos voladores, y todas esas cosas raras?


Alvaro abraza a Paula de forma muy tierna y luego le da un beso en su frente, ambos abandonan el cuarto de concreto.


Pasamos ya al día siguiente. Alvaro ha decidido cambiar de planes y ha pospuesto el ir a entrevistarse con algunos vecinos aledaños a estos vastos terrenos con motivo de las extrañas luces zigzagueantes vistas hace unos días cerca del lago Córnico, para quedarse en casa y compartir con su esposa e hijo un sabroso asado al mediodía. Ambos quedaron en un mutuo acuerdo para conversar en profundidad sobre la extraña experiencia que tuvo ella anoche para después del asado, por la tarde.

-Papá, ¿no has visto a Max? – Pregunta el pequeño Andrés acercándose a su padre, quien se encuentra junto a la parrilla en plena faena de asar la carne.


-No, hijo… ¿ya viste adentro?


-No, ahora voy…


-Bien, oye…- le dice Alvaro.- pero si Max anda cansado, o simplemente no quiere jugar no quiero que le obligues ¿entendido?


-Si, papá.- contesta el muchacho y se mete a la casa.


Andrés pasa junto a la cocina y ve a su madre preparando algunas ensaladas sobre la pequeña mesa, por un instante piensa en preguntarle por el perro, pero al final desiste y prefiere no molestarle así que sus pasos se dirigen ahora hacia el segundo piso.

El niño sube lentamente los peldaños de la escalera hasta llegar al pasillo de la segunda planta, se acerca a su propia habitación, que es la que queda mas a mano, y entra lentamente en busca de su perro.


-¡Max!... ¡Maxie!... ¡sal a jugar!.- Exclama el muchacho buscando a su perro por debajo de la cama, sin embargo no tiene suerte pues, no se encuentra ahí.


Sin obtener respuesta alguna el pequeño niño se da la vuelta y se dirige a la puerta para salir, pero ésta se cierra de golpe y puede ver que tras ella y sobre una silla mecedora que ya había en el lugar, se encuentra Max sentado en una actitud bastante extraña y difícil de describir, y sus ojos observan y penetran singularmente en los ojos de Andrés.

Paula sabe que a su hijo y a su esposo le encantan los jugos naturales, así que como buena esposa y madre, consiente una vez mas a los dos hombres de su vida picando unas manzanas y depositándolas en una juguera. Enciende el interruptor y las aspas de la anticuada máquina comienzan a triturar y despedazar la fruta bajo el ensordecedor ruido que ésta provoca.






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viernes 16 de octubre de 2009

Hola, antes de comenzar deseo pedir mil disculpas por el retraso de este cuarto capítulo a razón de unos problemas personales que me alejaron un tanto del blog y d ela escritura, pero ahora la creatividad y la inspiración han vuelto por lo que agradezco mucho su paciencia y comprensión. Bueno, ojala les guste esta historia hasta su fin jeje.


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El lago Córnico


CAPITULO 4





Paula finalmente se dirige a la cocina para poner a calentar el agua, luego regresa a la sala donde Alvaro revisa con su vista clavada en la pantalla del TV algo que la cámara pudo haber grabado en los cielos. Ella se recuesta lentamente en el sillón y sonríe al ver a Alvaro tan concentrado en lo que hace.


-Es poco probable que la cámara haya grabado algo, amor…- dice Alvaro al percatarse que nada extraño sucedía en la cinta.- fue muy poco rato el que estuvimos afuera… quizá mañana…


-Pues mañana podrías grabar más, amor…- le dijo Paula apoyando su barbilla en el hombro derecho de él.- ahora vamos a la cama y tómate el café ahí… estoy muerta con esto del viaje, de desempacar, de esa habitación de concreto, etc.


Ya es medianoche y Paula sueña con algo que se agranda de a poco hasta ser algo gigante y luego se achica y se achica hasta que logra calmarse, pero luego se agranda y se agranda cada vez mas hasta que explota y en ese instante despierta de súbito. A su lado se encuentra Alvaro durmiendo plácidamente mientras que en ese instante a sus oídos comienza a llegar un silbido de origen extraño, tarda varios segundos en poder reconocerlo hasta que finalmente se da cuenta que es el calentador de agua que está dando aviso desde la cocina sobre la ebullición. Extrañada y un poco aturdida aún, sale de la cama lentamente para luego ponerse una bata y bajar al primer piso, ¿será que el pequeño Andrés se despertó en la noche y deseaba tomar algo caliente?, antes de bajar pasó por la habitación de su hijo y con sus propios ojos pudo comprobar que este dormía profundamente.

Luego de eso rápidamente baja las escaleras y se dirige a la cocina, ahí se encuentra el calentador de agua hirviendo casi furiosamente, por lo que Paula no hace mas que apagar la cocina con un poderoso sentimiento de confusión en su mente. Apenas y lo hace, cuando desde el pasillo, mas específicamente desde la habitación de concreto oye unas voces que murmuran algo in-entendible. Paula se para en el umbral de la cocina y agudiza su oído para intentar captar algo de las voces, pero estas se callan. La mujer lentamente avanza por el pasillo intentando calmarse, diciéndose una y otra vez que estos son los síntomas de un viaje medio estresante y que desde mañana comienza a olvidarse de todos los asuntos de la ciudad para poder descansar como corresponde.

Paula llega a estar a 80 centímetros de distancia de la puerta de la habitación de concreto y nota que se encuentra media abierta. Por una extraña razón no desea entrar, así que llama a Max para que él sea quien salga al pasillo, lo intenta un par de veces con la voz apenas saliendo de su garganta, sin embargo como respuesta obtiene unos ladridos agitados de su perro, tal pareciera que es ahora él quien llama con desesperación a su dueña.

La mujer logra juntar el suficiente valor como para atreverse a entrar de golpe al cuarto y así lo hace, entra empujando la puerta con violencia y la recibe una fría atmósfera. Paula se queda de pié en medio del cuarto observando todo por un instante, Max quien se encontraba en un rincón con sus orejas agachadas y recostado en el suelo, lejos de su cama, se pone de pié y se acerca rápidamente a Paula con una alegría desbordante para ser un simple animal.


-¿Qué pasa, nenito?... ¿tenías frío?... ven, ve adormir al sillón, casi me matas del susto acá.- le dice Paula a Max mientras acaricia su lomo.


Acto seguido la mujer coge la cama del perro, mas las frazadas y luego se aproxima a la puerta para salir, mas es en ese instante cuando puede oír claramente una voz que dice:


-…es atemporal


Paula deja caer todo al suelo, mientras que se da vuelta para observar de nuevo a la habitación. Se encuentra parada con su rostro lleno de horror y afirmándose con una mano en el umbral de la puerta, cuando es testigo de cómo la puerta cerrada que hay en el interior del cuarto se abre por unos cuantos centímetros.





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sábado 3 de octubre de 2009

El lago Córnico


CAPITULO 3





Una por una fue probando todas las llaves hasta que finalmente cayó en cuenta que la que pertenecía a esa puerta simplemente no estaba.


-Qué raro, amor… ¿la tendrá acaso Nicolás?- pregunta Paula.


-No lo creo, nunca se ha quedado a dormir en esta cabaña.- Responde Alvaro.- la única vez que estuvo aquí fue cuando la compró.


-Pero ¿y los muebles y todo el decorado?, ¿no lo hizo él?


-No, venía totalmente amueblada.- dice Alvaro guardando en su bolsillo aquel manojo de llaves.- de seguro Nicolás no sabe de esta habitación tampoco.


En ese instante junto con Paula comienza a recorrer aquel cuarto con la mirada, las paredes parecen guardar proporciones de tamaño normales y la pintura sobre el concreto está muy bien pintada de un color blanco invierno, lo que lo lleva a una particular reflexión.


-Paula, es raro…- comenta Alvaro.- toda la cabaña es de madera salvo esta habitación, es la única que sus paredes, piso y techo son de concreto.


-Vaya que sí es raro…- dice Paula ciñéndose su chaqueta a causa de un repentino frío.- con razón este lugar es el menos cálido de toda la cabaña, pero ¿y esa puerta?, ¿donde conducirá?


-Pues, debiera ir al patio trasero, ¿no?... echemos un vistazo por fuera.


Acto seguido, la pareja mas el niño y el perro salen de la cabaña nuevamente y comienzan a dar la vuelta hasta llegar a su parte posterior. Grande es la sorpresa de ellos al ver que atrás y justo en el sitio que por dentro se encuentra la puerta cerrada, hay una pequeña ampliación de concreto que sobresale de la cabaña, tal pareciera que alguien la hizo de improviso, pues nada tiene que ver con la disposición original y forma que tiene la casa.


-Qué extraño… no tiene ventanas, ni nada ¿Qué habrá adentro? - Pregunta Paula.


-Ni idea, amor…- contesta Alvaro a la vez que con su mano derecha palpa la fría superficie de cemento.- quizá se dieron cuenta que faltaba un cuarto extra y lo hicieron de improviso.


-Pero es un espacio muy pequeño para ser un cuarto… ni una cama cabe ahí.

-O quizá sea un closet, un baño, no lo sé… algo que le hacia falta a la otra habitación mas grande que hay adentro.


-ah, por ahí puede ser.- Dice Paula.


No fue mucho el rato que siguieron afuera, luego de eso Alvaro fue a recoger su equipo de grabación que había dejado funcionando antes de entrar a la cabaña y Paula llevó a Andrés a la cama. Antes de que Paula abandonara la habitación de su hijo, este le habla.


-Mamá… - le dice Andrés a su madre, quien se detiene en el umbral de la puerta.- ¿tu crees en platillos voladores?


-Bueno, es algo difícil, amor…- comienza a decir Paula con dificultad puesto que siempre ha tenido una postura escéptica y de muy poco interés sobre el tema.-… digamos que en nuestro mundo hay muchas cosas raras, inexplicables que simplemente no entendemos, pero hay gente como tu padre que se dedica a estudiarlas…


-Espero algún día ver uno…- dice Andrés a la vez que se da vuelta en la cama para dormir.


Paula baja al primer piso finalmente y observa a Alvaro conectar su cámara al televisor, al parecer desea chequear si esta grabó algo raro en los cielos.


-Amor, ¿quieres café?.- Pregunta Paula.


-Bueno, amor, gracias.


Paula se dirige a la cocina, justo cuando pasa junto al enorme sillón que cruza el living se acuerda de Max, el perro.

-Alvaro, ¿donde está Max?

-Le hice la cama en ese cuarto de concreto, amor…- responde él.- simplemente no quiere salir de ahí.




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martes 29 de septiembre de 2009

El lago córnico



CAPITULO 2





-Vamos, Max – Ordena el niño jalando al perro de su collar.- este no es tu baño…


Durante la cena todos disfrutan de un gran y exquisito plato de pastas, que es la especialidad de Paula, también se aprovecha de planificar lo que harán durante los próximos días incluyendo el día de mañana y de ordenar la distribución de los cuartos, pues las habitaciones estaban todas en el segundo piso.


-Amor, hoy pondré la nite shot a grabar durante un momento allá afuera.- Dice Alvaro como disculpándose.


-¿La qué?...-Pregunta Paula sin comprender a lo que se refería su esposo.


-La nite shot, es una cámara con visión nocturna de alta resolución…- explica Alvaro.- la apuntaré hacia el lago córnico por si hay actividad en los cielos durante la noche, amor… perdóname por ponerme de inmediato a hacer estas cosas el primer día que hemos llegado, pero debo estar atento a cada instante.


-Lo sé, amor y está bien… supongo que te puedo acompañar mientras grabas ¿no?


-Por supuesto, mi vida… ¿Quién más se encargará de llevar y traer jugo mientras grabo? - Pregunta Alvaro con una dulce sonrisa.


-Qué gracioso…- Responde Paula frunciendo el ceño.


Ya es de noche y una vez acabada la cena deciden salir al exterior de la cabaña. Paula se instala en una cómoda silla mecedora a contemplar las estrellas mientras que Alvaro termina de armar el soporte de la cámara filmadora. La noche es cálida y el cielo está particularmente estrellado, lo que fastidia un poco a Alvaro.


-Es una linda noche, ¿no, amor? –Pregunta Alvaro mientras apunta el lente de la cámara hacia el lago.- pero lamentablemente no es un buen cielo para ver ovnis…


-¿No lo es?


-No, al haber muchas estrellas dificulta un poco para distinguir luces u objetos anómalos.


-Uy, señor cientifico.. ¿Dónde aprendió usted tanto?- Bromea Paula.


-Jeje… digamos que he aprendido un poco, pero no “tanto”


En ese instante aparece Andrés desde el interior de la cabaña y se para junto a Paula.


-¿Mamá, no has visto a Max?, no lo encuentro… - Pregunta el niño.


-No, amor no ha salido en todo el rato, búscalo adentro.


-Ya lo hice, ma


-Pues no ha salido para afuera, mi bebé.- Responde Paula con una sonrisa.- anda ve y búscalo bien, de seguro se estará riendo por haberse escondido tan bien de ti.


El niño obedece y una vez que vuelve a entrar en la cabaña, Alvaro abre la boca.


-Ay, mi vida… quizá debimos haberle dicho a Andrés que invitara a algún amigo.


-¿Tu crees?


-Sí, amor… siento que se aburre mucho a veces.- Comenta Alvaro.


-Pero, amor mira…- Dice Paula inclinándose en la silla mecedora.- invítale a participar de tu pasatiempo, los extraterrestres y platillos voladores son un tema bien entretenido que a los niños les fascina, ya verás como se entusiasma y se divertirá mucho acompañándote.


-¿Crees que es lo correcto?, no me gustaría obligarlo a hacer cosas que no quiere…
-No, si no lo estarás obligando.- Dice Paula.- si no muestra mayor interés, pues no insistiremos.


-Tienes razón, amor. Lo llamaré.


-Espera.- Dice Paula mirando por la puerta de entrada de la cabaña hacia el interior.- no será necesario, ahí viene.


En efecto, Andrés sale nuevamente de la cabaña y se para junto a Paula otra vez.


-Mamá, algo le pasa a Max… lo encontré agachado y gruñéndole a una puerta que hace rato estuvo rasguñando, parece que algo quiere, cuando quise acercarme me ladró muy fuerte.- Dijo el niño evidentemente asustado.


-¿Y donde está ahora?.- Pregunta Alvaro preocupado.


-Está en ese cuarto aún, el que está en el pasillo cerca del baño.


Paula y Alvaro acompañan al niño hacia aquel cuarto vacío donde en su interior se encuentra el perro en un notorio estado de nerviosismo, el can está con los dientes bien apretados por los cuales atraviesa un leve gruñido bastante amenazador, como si celara el territorio por algo o alguien que se encuentra tras aquella enigmática puerta cerrada que hay en el interior de la habitación.


-¡Max!- Dice Alvaro bien fuerte para hacerse oír por el perro quien desvía su atención de la puerta para dirigirla ahora a su amo.- ¡Ven acá!- Ordena Alvaro haciéndole un gesto con su mano para que se acercara junto a él.


El perro se aleja de la puerta, pero no sin antes darle unos feroces ladridos llenos de rabia.


-Condenado, perro…- Dice Alvaro bastante sorprendido por la actitud de Max.- ¿que es lo que tienes con esa puerta, eh?


-Quizás hay algo ahí, amor…- Dice Paula.


En ese instante Alvaro saca de su bolsillo un llavero que trae las llaves de todos los cuartos de la cabaña.


-Lo averiguaremos en seguida….-Responde él.








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viernes 25 de septiembre de 2009

El Lago Córnico

CAPITULO UNO





Una joven pareja con su hijo de 10 años viajan en automóvil a las afueras de la ciudad. Es fin de semana largo y Alvaro le propuso la idea a su esposa de que podían desconectarse unos días del ajetreo y el caos de la gran ciudad e ir a una cabaña cerca del lago córnico, Paula estuvo feliz con la idea, sobre todo porque Alvaro iba también con la intención de desarrollar una investigación relacionada con una de sus mas grandes pasiones, la ufología. Hace unas semanas hubo una oleada de avistamientos de extrañas luces con raras formas en los cielos de esa zona, eso mas la información de un periódico donde contaba que un lugareño observó como desde el mismo lago córnico emergió una extraña máquina hacia los cielos que el mismo testigo describió como nave extraterrestre, hicieron que Alvaro igual que un niño pequeño fuera corriendo donde su esposa a contarle la increíble historia y las ganas que él tenía de ir a investigar y recopilar evidencias para el grupo de investigación que tenía con dos amigos mas, que para esta ocasión se habían quedado en la ciudad.

Como el viaje era largo decidieron hacer una parada e improvisar un pequeño picnic junto al camino instalándose en una hermosa pradera que ofrecía una increíble panorámica hacia el valle. Andrés, el hijo de ambos jugaba corriendo de un lado a otro con su perro Max quien tampoco se quedó afuera de este paseo familiar.


-Qué hermosa es esta zona, amor…- comenta Paula.- no puedo creer que no hayamos venido antes.


-Sí, es hermosa - contesta Alvaro bebiendo un poco de jugo.- hay muchos lugares igual de lindos que desconocemos aún, mi vida, me alegro de que me hayas querido acompañar.


-Alvaro, ¿Cómo no iba a querer acompañarte?


-Es que pienso que a lo mejor estas cosas te aburren, amor. Ya sabes, cosas sobre “hombrecitos verdes”.


-Jaja, no digas esas cosas… me parece interesante, mi vida. Además me gusta mucho que compartas conmigo esas cosas que te gustan tanto.


-Gracias, amor – Responde Alvaro sonriendo.- esta última semana ha sido muy intrigante, pues fíjate que han descubierto un planeta similar a la tierra a unos 20 años luz de nosotros, en un sistema compuesto por una estrella roja y muchos planetas que se llama Gliese 581 y los científicos han dicho que aquel planeta encontrado es sólido y sus temperaturas permitirían…


Paula al ver a Alvaro tan emocionado hablando sobre su pasatiempo no puede evitar sentir ternura por él y le interrumpe en medio de su charla para darle un beso.


-sabes a jugo de manzana.- dice Alvaro con una sonrisa.


Luego del Picnic volvieron al automóvil y emprendieron nuevamente el camino a la cabaña cerca del ya mencionado lago córnico. Llegan finalmente a eso de las 4 de la tarde al lugar, la cabaña es enorme, tiene dos pisos y está hermosamente barnizada y adornada.


-Vaya que si es hermosa, Alvaro.- Comenta Paula mientras entra a la cabaña con parte del equipaje.- Nicolás la tiene muy bien cuidada.


-Así es.- contesta Alvaro.- lamentablemente él no vendrá hasta el fin de semana, por problemas de trabajo no podrá antes.


Ambos hablan de un amigo en común, Nicolás. Quien es uno de los que junto con Alvaro dedican su tiempo libre a investigar el fenómeno OVNI., él es el dueño de la cabaña, pero debido a sus ocupaciones laborales le sugirió a Alvaro que se adelantara y fuera con su familia a la zona donde se habían visto extrañas luces en el cielo, así también podía capturar imágenes si es que aún se seguían viendo durante la noche.

Una vez estando desempacadas las maletas la familia de dispone a cenar, mientras Alvaro pone los cubiertos en la mesa, Paula termina de preparar los platos en la cocina. Es en ese instante en que llega su hijo Andrés.


-Mamá, ¿no has visto a Max?


-No, amor… quizá esté en algún cuarto, pero ya vamos a cenar así que ve a lavarte las manos.


El niño se dirige en dirección al baño, pero al cruzar el pasillo escucha que algo rasguña un pedazo de madera. Una de las habitaciones del primer piso tiene la puerta semiabierta y Andrés se percata que es de ahí de donde proviene el ruido, el muchacho entra abriendo la puerta lentamente y ve que el cuarto está totalmente vacío, sin embargo al lado izquierdo se encuentra otra puerta cerrada que conduciría a una especie de habitación interior. Max, el perro, se encontraba rasguñando la puerta de aquel enigmático cuarto.







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jueves 17 de septiembre de 2009

Triángulos



















Anoche la luna anduvo haciéndome bromas otra vez, jugando con las mareas del océano y mi estado de ánimo otra vez, me hizo ver que todo mi mundo se compone y está bajo la atenta mirada de esos triángulos que hay en el techo.

He estado bien, porque sé que a ustedes no les agrada que yo lo esté… es esa falsa sonrisa y gestos de sociabilidad que me comprueban que estoy en lo correcto...y en todo caso ya poco importa. La luz de la luna es realmente cautivante, es tan pálida y clara, pero no se compara con la de los triángulos. Cuando estuvieron antes aquí, rasguñaron mis ventanas y puertas hoy la luna trae un show privado y nadie jamás se enterará. Los triángulos llenan mi cuarto, avanzan y jamás retroceden... ellos me enseñan y yo aprendo.

Esta bien, hay cosas que jamás debemos decir, la vida seria muy aburrida sin secretos ¿no te parece?, tengo mis manos ya juntas para rezar.



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