CAPITULO 6
Alvaro se acerca a la cocina y se para en el umbral de la puerta, al parecer desea decirle algo a Paula respecto a la anticuada juguera, pero su voz se pierde en medio del ensordecedor ruido de la máquina. Decide tocarle el hombro a su esposa para que ella note que él está ahí a solo centímetros de distancia, mas Paula le contesta con un gesto de “espera unos segundos”.
En tan solo un breve instante ella detiene la acción del anticuado aparato, puesto que el jugo ya está preparado.
-¿Ahora sí?- Pregunta Alvaro sonriendo.
-Sí, dime. – contesta Paula.
-Pues que esa cosa mete mucho ruido, ¿Qué no empac…
En ese instante el alarido de horror del pequeño Andrés proveniente del segundo piso interrumpe el diálogo entre marido y mujer. Ambos se miran con espanto y luego se dirigen corriendo a toda velocidad a la habitación del niño. El primero en llegar es Alvaro quien al entrar ve a su pequeño hijo muy asustado sentado en la cama, luego entra Paula que de forma inmediata se dirige a abrazarlo.
-Andrés, ¿Qué ocurre, amor?- Le pregunta Paula rodeándolo con sus brazos.
El niño levanta su brazo derecho y con su mano indica lentamente a un rincón del cuarto, en él se encuentra Max, echado sobre un gran charco de vómito con sangre que momentos antes había devuelto por su hocico.
-Oh, por Dios… - exclama Alvaro acercándose al perro lentamente.- ¿qué habrá comido para enfermarse de esta manera?
-Mientras lo averiguas, me llevo a Andrés.- dice Paula llevándose de la mano a su pequeño hijo hacia el primer piso de la cabaña.
La tarde se dejó caer con lentitud en el lago Córnico, las aves en el cielo parecen huir de la cabaña en la que se encuentran Paula, Alvaro y el pequeño Andrés, quienes han debido sortear una serie de extrañas experiencias durante la breve estadía que llevan en aquel lugar.
El niño duerme en la cama de sus padres, mientras que ellos se encuentran abajo, en el primer piso sentados en el largo sillón.
-Es extraño…- comienza a decir Paula.- estos días han sido… extraños...
-Lo sé,… ¿deseas irte?
-¿Acaso tú no?
Tras una breve pausa, Alvaro contesta.
-Sé que han ocurrido cosas extrañas, Paula. Lo que te pasó a ti en el cuarto de concreto era como para salir huyendo esa misma noche, lo de Max ahora mismo en la habitación de Andrés….y sabes, he pensado que quizá esa habitación sea la causante de todo.
-¿la habitación de concreto?- pregunta Paula.
-Así es, mira ponte a pensar en una cosa - explica Alvaro.- Max estuvo la mayor parte del tiempo metido en esa habitación y fijate en lo que le ha pasado hoy…, la voz que tú oíste anoche también salió de ahí... lo mejor sería cerrar esa puerta con llave y que nadie entre.
-Es lo correcto.- responde Paula poniéndose de pié.- pero ninguna palabra de esto a Andrés ¿eh?, no quiero que se llene la mente con estas cosas, aún es un niño.
-Claro que no lo haré, ¿dónde vas?
-Iré a ver como se encuentra. Tú por mientras deberías ir y cerrar ese cuarto con llave.
Alvaro asiente con la cabeza y se pone de pié para dirigirse a la habitación de concreto. Paula por su parte sube las escaleras hasta el segundo piso en dirección a su habitación, que es en donde se encuentra su hijo. Al llegar puede ver con asombro que Andrés no se encuentra durmiendo como ella suponía, sino que estaba sentado en la cama llorando amargamente.
-Amor, ¿qué ocurre? – pregunta Paula sentándose junto a él en la cama.
-Vino Max y me dijo unas cosas muy feas…
-¿Eh?... ¿cómo dijiste?, ¿vino quién?- pregunta Paula sin entender muy bien.
-Vino el perro, ma… y se puso a hablarme…- Vuelve a insistir el niño entre sollozos, su rostro evidenciaba un profundo temor.
-Mi niño, ha sido solo una pesadilla… ya quédate tranquilo, amor, que no dejaré que nada malo te ocurra.
-¡No fue un sueño!- exclama Andrés dejando salir su miedo a través de un leve temblor físico.
-Amor, estás temblando, pero dime ¿qué ha pasado? – vuelve a preguntar una incrédula Paula.
-Vino Max y comenzó a decirme cosas sobre un lugar bastante feo…- comienza a decir el niño.- dice que la muerte como lugar físico existe, es una dimensión sin tiempo donde todas las personas, incluyendo niños como yo o más pequeños aún, son llevados desnudos en unas enormes vasijas cilíndricas a través de un espacio negro y húmedo… dice que nosotros lo visitaremos muy pronto, dice que nos vamos a morir…
Andrés termina su relato con un alarmante temor que le impide evitar dar esas convulsiones. Su madre se queda boqui-abierta, es imposible que un niño de la edad de su hijo haya podido inventar algo como lo que acaba de oír…
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